Gonzalo CastillejosPasaron más de cuatro años. El 5 de junio de 2007, también en Rosario, pero en cancha de Newell’s, Instituto venció a Ben Hur por penales y evitó revalidar su lugar en la B Nacional. Esa había sido la última oportunidad en la que el simpatizante glorioso había visto a su equipo como visitante en un partido oficial. Pero todo vuelve.
Por eso, y por el rendimiento que venía teniendo (este partido fue la excepción) el equipo de Darío Franco, en la madrugada de ayer la autopista Córdoba-Rosario se vio plagada de vehículos con identificativos albirrojos. Autos de todo tipo y modelos, tráfics con banderas rojiblancas como cortinas y ómnibus de dos pisos arribaron al Gigante de Arroyito, donde la Gloria se jugaba una dura pasada.
El ingreso de los visitantes fue bien organizado por la Policía. En las inmediaciones del estadio, las fuerzas de seguridad esperaron al grueso de los hinchas albirrojos para escoltarlos hasta el debido ingreso. Así fue que una marea de unas mil almas gloriosas rodearon la fortaleza canalla cantando por los colores de sus amores.
Una vez adentro, esos 2.300 simpatizantes de Instituto que durante la semana agotaron rápidamente las entradas, alentaron y cantaron desde el precalentamiento de sus jugadores hasta el final (amargo) del partido.
Duelo de hinchadas
Los canallas arribaron al Gigante sobre la hora. En pocos minutos, las butacas amarillas y azules se vieron pisoteadas (porque hasta en la platea todos ven el partido parados) por más de 30 mil rosarinos.
La primera gran explosión del público local fue cuando vio la roja Franco Canever. Pero, el repentino gol de Claudio Fileppi transformó cánticos en un bullicio permanente.
Por ese entonces, el delirio de los cordobeses, que se ubicaron en la mitad de la bandeja superior de una de las cabeceras, hizo que los ingeniosos cánticos sean dedicados hacia su rival de turno.
Pero, con el gol del empate, la parcialidad local retomó su repertorio. “Y ya lo ve, el que no salta es cordobé”, les gritaron a los gloriosos, que también fueron comparados con el clásico de Central cuando Chiarini intentaba “enfriar” el 1-1: “Oi, oi, oi, oi, sos igualito a Newell’s Old Boys”.
Luego vendrían el gol de Gonzalo Castillejos (LEONES) y el final del partido, instancias en las que el público local gritó y alentó tan fuerte, que tapó el cántico de los más de dos mil cordobeses que, luego de cuatro años, volvieron a acompañar a su equipo fuera de Alta Córdoba. Como siempre debió ser.
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